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UNAS VACACIONES DIFERENTES (9-10-11). El diario de Isabel.
Un gallo afónico nos despertó a las 5 de la mañana... Aún era oscuro. Mario siguió durmiendo. Yo no tuve esta suerte y con la ayuda de la linterna empecé a revolver el equipaje para ir ordenando las cosas. El armario disponía de 5 estantes de aluminio tapados por una cortina floreada. Sobraba mucho espacio ya que llevábamos pocas cosas, sobre todo poca ropa ...los pijamas verdes de quirófano de la Clínica del Remedio y poca cosa más. A las 5:30 volvió a cantar el gallo... Esta vez, Mario ni se movió, a las 6, a las 6:30...!vaya coñazo¡! Y siempre era el mismo gallo afónico ¿ Será que aquí, el gallo canta cuando le viene en gana?. Mas tarde supe por Leopoldo que era un gallo “atípico” del corral de las monjas. Lo bautizamos como “el gallo histérico”. Tal como nos habían indicado, a las 7 fuimos al comedor a desayunar. No había nadie. En una mesa larguísima humeaba una tetera con agua junto a una lata grande de leche en polvo, otra con terrones de azúcar, Nescafé, trozos cortados de pan blanco y un tarro enorme de cristal con confitura casera. Mirándonos sonreímos mutuamente por el hecho de estar en una casa de curas, sentados a solas en una mesa tan larga, desayunando a la espera de conocer el hospital y “poniéndonos las botas" con la mermelada de pomelo. ¡Si nos la acabamos no nos dejarán volver! Exclamamos al unísono... No habíamos terminado la frase cuando sor Agustina apareció sonriente interesándose por nuestro descanso post viaje. Estaba a cargo de la emisora de radio que enlazaba a las otras misiones como Koumra, Kiabé, Sahr, etc. Me invitó a seguirla con la intención de mostrarme su funcionamiento; dos veces al día hacían una rueda de consultas y cada misión disponía de su turno de saludo y despedida si no había novedad o de saludo, petición y pase de noticias. Cuando fue el momento para Goundi, Agustina se aproximó al micro y entró en la rueda. -Goundi a l´ecoute, ...Goundi a l`ecoute...-Con los auriculares tan enormes, parecía un piloto de la 2ª guerra mundial. Su interés por mostrar la frecuencia y el léxico de radio no era otro que el de sustituirla los días que debía de ir a hacer ejercicios... Me pilló de sorpresa, mi francés no era de lo más exquisito pero acepté... mi trabajo no iba a limitarse al quirófano. Estaba allí, para ayudar en lo que hiciera falta e intentar hacerlo lo mejor posible. Mas tarde, apareció Francisco, Francois o Paco, para algunos, père ouvreur (por lo de abrir barrigas en quirófano), nos mostró los servicios del hospital y en cada uno de ellos, el personal nos dio la bienvenida. Les era difícil pronunciar nuestros apellidos Ubach y Rodriguez así que nos llamaron doctor Mario e Isa.
La primera urgencia ocurrió de noche. Nos despertó Francisco alertado por un enfermero de la sala de Maternidad. Había ingresado una mujer de parto con “problemas". Medio dormidos, salimos corriendo a través del jardín de las monjas para ir más rápido. Los haces de luz de nuestras linternas se cruzaban por el ritmo de la marcha. Apagué la mía, la de Francisco era más potente. El hospital estaba totalmente a oscuras solo unos quinqués de petróleo colocados estratégicamente en el suelo marcaban el punto de entrada de cada servicio. Muchísimos insectos atraídos por su luz casi los ocultaban; eran termitas gigantes que giraban alrededor del farol con un ritmo frenético. Sentí picor por la nuca y me froté con aprensión. ¡Era espectacular!, ¡de foto¡. Desde que habíamos llegado eran tantas las emociones, sobresaltos y emociones que no había tiempo de asimilarlas. Colocada en la mesa de partos, una primípara gemía de dolor. Francisco dio las instrucciones precisas a la sage-femme mientras se lavaba con Mario. Mi papel en aquella ocasión consistía en sostener la linterna para iluminar el campo y aguantar estoicamente viendo la completa secuencia de maniobras desconocidas para mí .Una Sinfisiotomia de Zarate, para Mario era una técnica obsoleta que se nombraba en su libro de Ginecología de 5º curso. Para mí, algo alucinante, un procedimiento rápido y casi siempre eficaz con el que en un “ plis– plas” tanto el niño como la madre quedaban fuera de los peligros del parto complicado, sobretodo, era utilizado en casos de parturientas con problemas debidos a estrechez pélvica, habituales en las razas nómadas, Fulbis o Peúls. En ésta ocasión, la técnica debía acompañarse de episiotomía por presentar una gran cicatriz retráctil en genitales externos secuela de ablación. La habilidad de Francisco era patente: anestesia local, incisión puntiforme sobre la espina del pubis hasta llegar al cartílago. Agudización del oído para escuchar el sonido característico de la hoja del bisturí durante la sección de las fibras cartilaginosas, seguido del movimiento suave de separación de ambas piernas. La pelvis se ensanchó y la cabeza del niño salió a la luz.
Al oír llorar a la niña, la madre sonrió. Se la mostraron y olvidó su dolor. Ni tan solo sintió los puntos de la Episiotomia. Dejé de sostener la linterna tras el último punto de sutura. La luz del quinqué de la sala permitía ver su vientre distendido y aún abombado mostrando dibujos geométricos perfectamente simétricos, una verdadera obra de arte. No eran tatuajes sinó cicatrices, resultado de las incisiones practicadas en su pubertad mediante cuchilla o gilette a las que se les aplicaba sal para conseguir la cicatriz queloidea. Imaginé el dolor físico y psíquico de aquel ceremonial ancestral practicado a la niña. ¿Permitiría ella lo mismo para su hija? ...¿Consentiría que también le practicaran la ablación...? Los ritos iniciáticos siempre me han parecido abominables. Tan solo leyendo algún artículo o bien viendo algún documental, pero allá, in situ, al ser testigo de que hubieran podido perderse dos vidas por culpa de ésta práctica mutilante, me revolvía el estómago y odié por ello a la cultura africana por su machismo. Me acerqué, acaricié su cara y susurré -!Bon travail maman...! Tu as une fille très belle- Sé que no comprendió mis palabras...pero su sonrisa fue preciosa. Tenía el cuello y los brazos muy desarrollados en proporción a su cara. Cuando la pasaron a la camilla vi sus piernas flácidas y sin tono, secuelas de la polio... ¡Oh Dios!... Poliomielitis, ablación, multiescaras iniciáticas... ¡Que más...! Me revelé, me enfadé, me disgusté... Al salir, solo quedaban alas transparentes junto a las lámparas de petróleo, unos niños recogían los cuerpos inertes de las termitas. Solo me faltó oír el cometario de Francisco. -Esperan a que mueran para comérselas-. Aquella madrugada aunque me acosté, no pude dormir ....
(Continuará... ) Isa
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Unas vacaciones diferentes
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Este sitio se actualizó por última vez el 31 jul 2008 |
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