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UNAS VACACIONES DIFERENTES (3-4).

El diario de Isabel.

 

¡Listos para el embarque!

Parecía que se abría la veda...Todos se agolparon junto a la puerta a una velocidad vertiginosa, quizás temían perder el avión...

Megafonía repetía que las familias con niños primero ...pero ¿ que niños ’?Todo el pasaje eran adultos  excepto dos misioneros y nosotros  que destacábamos por la poca  estatura y color. 

El autobús de la compañía , tras un largo “safari” se aproximó a la escalerilla  del avión No se habían abierto aún las puertas completamente cuando un hombre de enorme talla empujó una con fuerza que se abrió con un estallido y subió las escaleras corriendo seguido por casi todos los demás....

Ruidos,  voces, empujones, risas....La calma llegó cuando todos estuvimos con el cinturón abrochado. Tras el despegue y la cena, reinó la paz durante las 7  horas del vuelo.

Me sumé a los que dormían hasta que el sol me despertó a través de la ventanilla ¡Que paisaje tan árido¡... La franja Sub-Sahariana  dibujaba la orografía de un río seco entre las rocas, cañones colosales de estrechas gargantas, kilómetros y kilómetros de extensión de tierra cuarteada...¡Sentí calor con solo mirar!

Acercándonos a Ndjamena, el río Chari brillaba con destellos plateados entre la arena, en sus orillas se dibujaban tímidamente campos sembrados, árboles grandes de un verde oscuro y mucha vegetación. El caudal del río se ensanchaba durante el descenso, sobrevolábamos  casas de sencilla construcción alineadas por “quartiers (barrios)”, alguna calle asfaltada por la que circulaban camiones destartalados, ganado o niños que corrían...

Tímidos aplausos confirmaron un buen aterrizaje. Bajando por la escalerilla, sentí un intenso calor en cabeza y hombros. !Lo desprenderá el motor¡ me dije  ...pero la realidad fue otra pues duró toda nuestra estancia en N´Djamena.

 Atravesar la pista a pié acarreando el equipaje de mano a 42º, fue una proeza ...íbamos dirigidos en “fila india” hacia el único edificio con cristales entre un hangar deteriorado y un gran almacén lleno de fardos y grandes paquetes. Iba a fotografiarlo cuando oí ¡“Non madame...c'est interdit”! Mis ganas de hacer fotos aumentaban al ver el descontrol en la sala de “arrivées”.

Apretones de manos, chilabas polvorientas, grupos de militares por allí, abrazos larguísimos por allá,  risas, besos a tres mejillas, incluso fardos rodantes que no dejaban ver a su porteador. Nuestro equipaje llegó en un carro que chirriaba empujado por dos jóvenes chavales sin uniforme ni distintivo alguno. Las bolsas enormes de lona amarilla rotuladas en rojo con grandes letras “Hospital de Goundi Tchad" destacaban del resto por su volumen  y color, las tres bien repletas de material sanitario. Al verlas, recordé con agrado al “ángel de la guarda” de Air France  Barcelona , haciendo “la vista gorda" ante el exceso de equipaje (cosas de la Providencia).Teníamos que identificarlas antes de que se extraviaran entre el caos existente. Un chico delgadísimo nos las separó amontonándolas en una esquina  y arrebatándonos los pasaportes desapareció... Atónitos, esperamos su regreso junto al equipaje. No se demoró demasiado pero para nosotros, la espera nos pareció eterna... Había conseguido colarlos en el control de visados y nos mostraba orgulloso y sonriente el sello de conformidad de entrada... repetía su nombre ADOUMBAYE  con insistencia a la vez que tendía la mano que al contacto con unos francos cerró rápidamente y escondió en el bolsillo...

-¡La prochaine fois  ADOUMBAYE papá...

¿Porqué papá  me pregunté...?

¡Mario, Isabelle ¡! La potente voz del padre Gherardi se oyó delante nuestro.

¡Soyez bienvenus au Tchad. De mediana edad, unos 60 años mas o menos, vestía una camisa gris empapada por el sudor, bajo un sombrero de felpa se descubrían unos brillantes ojos azules y su sonrisa. A pesar  de ser algo “gordito", sus movimientos eran rápidos y efectivos, casi vertiginosos. Con él fue sencillo pagar las tasas, pasar el control de pasaportes, control de equipajes,  sacudirse maleteros, rechazar taxis, apartar a vendedores de las cosas más inverosímiles y llegar al Toyota 4x4 aparcado al sol con el seguro puesto y las ventanas cerradas. Todo en él era rapidez: cargar las bolsas, conducir, hablar, explicar proyectos... ¡ARROLLADOR !

¡Éste sí que lleva el turbo puesto! pensé... Nada que ver un misionero con un sacerdote convencional

  Isa         

 

 

Este sitio se actualizó por última vez el 31 jul 2008